En la antigüedad, en monasterios y abadías, los scriptorium fueron luz para todo el mundo conocido, reserva de saber, salvación de antiguas doctrinas expuestas al riesgo de desaparecer, fragua de nuevos escritos y fomento de los antiguos. Hombres devotos que trabajaron durante siglos observando reglas de hierro.
Dentro de los antiguos Scriptorium cada uno tenía su rol, anticuarios, miniaturistas, copistas, rubricantes y estudiosos se sentaban en su propia mesa donde había todo lo necesario para ilustrar, copiar y escribir. En cambio otros solo leían los códices y los libros, otros tomaban notas en sus tablillas personales.










